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Pueblo Aonikenk

La Casa Bonita I

Toldo aonikenk (reconstitución) Museo de Leleque. Patagonia ArgentinaLa Casa Bonita era similar a la vivienda de los Aonikenk, pero, en lugar de estar recubierta con piel de guanaco, era engalanada con ponchos nuevos, cojines, plumas de avestruz, cascabeles y campanillas con cuentas azules, rojas y amarillas.

Dentro de ella, el alimento de la novia se reducía bastante, evitando el consumo de grasas.

Por lo general, la abuela o el abuelo materno la acompañaban, asumiendo así el papel de educador y consejero de la joven en su nueva vida como adulta.

La joven aprendía las normas morales de la comunidad y las actividades cotidianas como lavar, cocinar, elaborar tejidos y el cuidado de los hijos.

 

La Casa Bonita II

Mujeres aonikenk de distintas generacionesLa virginidad era muy valorada, razón por la que se le enseñaba a las mujeres, en dicha ocasión, a no tener relaciones sexuales antes del matrimonio. La ceremonia concluía con el sacrificio de yeguas y el baile masculino de las avestruces.

El matrimonio se festejaba con sacrificio de equinos y bailes, al igual que las otras ceremonias, con la diferencia de que no se daba carne a los perros ya que se consideraba un mal augurio.

La extracción de la sangre, el saludar a los espíritus, encarnados en determinadas formas de la naturaleza o el murmurar deseos al ver la luna nueva y la creciente, eran otras prácticas rituales cotidianas. La ceremonia se prolongaba hasta altas horas de la helada noche patagónica hasta que, al calor del fuego y del baile, se unían con sus fuerzas ancestrales.

Con la llegada del hombre blanco, a esta ceremonia se sumó el alcohol que, además de emborracharlos produciéndoles cambios conductuales, terminó por aniquilarlos.

 

El Baile Avestruz

Imitando el movimiento de las vestrucesTras el sonido rítmico de tambores, flautas, arcos musicales y cantos Aonikenk, comenzaba el baile de las avestruces.

Los hombres destinados a participar en la ceremonia salían en fila desde un toldo.

Con el cuerpo cubierto de pieles y la cabeza con plumas de avestruz, comenzaban a dar vueltas alrededor del fuego acercándose hasta tocarse, y retrocediendo con movimientos que imitaban el andar de las avestruces y los guanacos.

Cantos colectivos y gritos, conjuraban el poder de las fuerzas del mal.

El ritmo de la danza aumentaba mientras iban transformándose en sus animales de caza, hasta que los hombres se quitaban los calurosos mantos de piel y mostraban sus fornidos cuerpos, pintados de colores.

Danzaban cubiertos solamente por un cinturón hecho de plumas de avestruz, conchas, campanillas y picos de aves.

Personajes I

El explorador Ramón Lista con un grupo de Ramón Lista

Es el nombre del explorador que vivió con los Aonikenk, aprendiendo su idioma y su costumbres.

Debido a los pocos estudios científicos sobre esta etnia patagónica antes de su proceso de aculturación y extinción, sus escritos acerca de este pueblo son un gran aporte al reconocimiento de esta cultura.

Escribió los siguientes textos:

Los Indios Tehuelches. Buenos Aires (1894).

Viaje a los andes australes. Anales de la sociedad Científica Argentina, tomo XLI, Buenos Aires (1896). Mis exploraciones y descubrimientos en la Patagonia. 1877-1880. Ediciones Marymar, Buenos Aires (1975).

Personajes II

Mulato Último gran jefe AonikenkMulato

Fue llamado el último gran jefe de los Aonikenk de la Patagonia. Desde 1892, hasta la fecha de su muerte, en 1905, dirigió la comunidad indígena del Valle Río Zurdo. (1911).

George Muster

Fue el primer hombre blanco que vivió con los Aonikenk. Por este motivo los testimonios indígenas recogidos en sus textos son altamente valorados, por su gran pureza.

Es autor de los libros:

At home with Patagonians, a year's waderings over untrodden ground from the straits of Magellan to the Rio Negro. London (1874) .

Vida entre los patagones. Buenos Aires, Universidad Nacional de La Plata. Traducción castellana.